Eran otro tiempos, hoy es menos común encontrar esas máquinas. Aunque representan la imagen más reconocible del género, los juegos de ritmo han acompañado a múltiples generaciones de consolas. La reflexión surge a propósito del reciente 30 aniversario de uno de los personajes más emblemáticos del género: Parappa the Rapper. Con el tiempo, el género se mezcló con bandas populares y dio pie a fenómenos como Guitar Hero y Rock Band, títulos que acercaron a muchos jugadores al género sin necesariamente vincularlos con sus orígenes.

En este contexto, Rhythm Heaven —o Rhythm Paradise, según la región— ocupa un lugar particular. La serie nació en Japón como Rhythm Tengoku para el Game Boy Advance, continuó en Nintendo DS con Heaven, llegó a la Wii con Rhythm Heaven Fever y en 2015 apareció Rhythm Heaven Megamix para la Nintendo 3DS. Durante el Nintendo Direct de marzo del año pasado se anunció la entrega que hoy ocupa la atención: Rhythm Heaven Groove.
La premisa de la serie parece sencilla, pero su ejecución es más compleja: seguir el ritmo de la música para realizar distintas acciones según el microjuego. Cada etapa presenta una temática propia, cercana al espíritu de WarioWare, algo lógico considerando que uno de los desarrolladores originales trabajó en ese proyecto tras concluir el primer Rhythm. Las similitudes existen, aunque Rhythm Heaven Groove y sus entregas previas suelen tener una coherencia más marcada.

Entre los microjuegos iniciales se encuentran personajes redondos que saltan aros guiados por un coro; una chica y su perro jugando con un frisbee que el lomito debe atrapar; paraguas que se abren y cierran siguiendo un patrón coral bajo la lluvia; o un monstruo que devora pequeños corazones que emergen de plantas mientras avanza el día. Son propuestas extrañas, encantadoras y representativas del estilo de la serie.

El arte y la música destacan de inmediato. El juego evita los indicadores visuales y, en su lugar, cada microjuego utiliza humor y una interfaz accesible para facilitar la experiencia, aunque esto no implica menor dificultad. La consistencia rítmica es esencial y, sin ella, el juego puede volverse implacable. El compositor principal, Mitsuo Terada —Tsunku—, regresa para esta entrega y firma la mayoría de las piezas. También participan artistas como Ado y Sakurai Yui, integrante de la agrupación femenina de J-Pop Fruits Zipper.

Resulta llamativa la cantidad de fanáticos que esperaban esta entrega, así como el potencial del juego para mejorar coordinación, reacciones y sentido del compás, habilidades que muchos jugadores no tienen tan desarrolladas y que propuestas como esta ayudan a fortalecer.

Como punto negativo, la dificultad puede sentirse engorrosa y estricta, aunque es algo que la práctica permite dominar. Con todo, Rhythm Heaven Groove se posiciona como una de las entregas más originales y entretenidas del año para la Nintendo Switch 2.





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