Ya se ha mencionado en este mismo espacio que una de las características primordiales, estampa de un buen videojuego, es el desafío que propone. Y pese a que este aprietabotones no coincide mucho con aquellos títulos que no ofrecen posibilidad de modificar la dificultad, lo cierto es que forman parte de la oferta en el mercado y que existe un nutrido grupo de videojugadores que buscan estas modalidades.

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Eldest souls es un título desarrollado por el estudio independiente Fallen Flag. La historia nos relata la lucha entre hombres y dioses, los primeros fueron capaces de derrotar y encerrar a un dios vengativo al que enclaustraron en la ciudadela y, acto seguido, se deshicieron de la llave de su celda. Pero los conflictos continuaron y el reino de los hombres fue diezmado excepto por un guerrero que recibió un atisbo de esperanza divina:  la última espada de obsidiana con la que el héroe enfrentará a los poderosos enemigos de los hombres.

El título es un rogue-like con elementos de RPG y aventura. La acción es de perspectiva isométrica, esto orilla al jugador a balancear ataques agresivos con miras a estrategizar los asaltos. No hay medias tintas, los encuentros son peleas contra jefes, con barras extenuantes de vida. Dada la complejidad de los combates se otorgan puntos de habilidad con los que se adquieren técnicas que, conforme se progrese dentro del juego, aumentarán el daño a los enemigos. 

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La curva de aprendizaje del juego incentiva de forma inherente un mecanismo mnemotécnico en el que el jugador, con base en la prueba y error, agudizará su respuesta a las arremetidas  y sus respectivas evoluciones de los jefes; una suerte de análisis constante de puntos débiles y movimientos del enemigo, o al menos así me pasó a mi. La movilidad del personaje es a momentos engorrosa, hay una serie de mecánicas de aceleración pero hay que administrarlas puesto que la recarga requiere tiempo del que a veces no se dispone.

El arte del juego es destacable, diseñado en  pixeles y con una paleta de colores que abunda en azules; nos transmite el sentido de relato épico, además de atenuar lo oscuro dentro de la historia. 

Otro elemento didáctico del juego, como todos aquellos que no ofrecen elección de dificultad, es el cultivo de la paciencia y la capacidad de tolerancia a la frustración. No es un título para tomarse a la ligera en este apartado: Eldest souls es difícil y no tiene ningún empacho en demostrarlo, requiere de atención a detalle, buenos reflejos y economización de movimientos.

En resumidas cuentas es un juego para gamers exigentes, quienes pueden abordarlo como una práctica a las futuras opciones de esta misma gama de juegos. Para los que quieran empezar este tipo de títulos, esta es una buena manera de explorar el terreno, además que es económico y ocupará poco espacio en el disco duro. 

Estos títulos son una forma interesante de comprender el pragmatismo respecto a la dificultad, nos obliga a cambiar la comodidad de nuestras preferencias para aumentar el nivel de juego. Es aceptable esta premisa, pero sobrevive una voz crítica al interior que, por muy reducida que haya quedado, debido al encuentro con Eldest souls y su contundencia, sigue cuestionando la capacidad de elección que se le ha quitado.

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