Las licencias y juegos de Star Wars suelen aparecer en los titulares, ya sea porque se meten en polémicas —como pasó con Battlefront 2— o porque lanzan juegazos como Jedi: Fallen Order. Con ese historial, cualquiera pensaría que estamos viviendo el mejor momento para los videojuegos de la saga. Pero, siendo honestos, la verdadera era dorada quizá estuvo en los noventa. Mucha gente recuerda con cariño aquellos scrollers basados en los episodios IV, V y VI, o la adaptación de Sombras del Imperio para Nintendo 64 que luego llegó a PC, los primeros Battlefront ya entrados los dos mil. Y claro, Republic Commando, ese FPS donde controlábamos a un escuadrón de clones de élite durante los eventos del Episodio II y III.

Pero en 1995, LucasArts —la división interactiva de Lucasfilm— lanzó un título que podría considerarse el primer FPS de la franquicia, o al menos uno de los pioneros puesto que también contenía un fuerte elemento narrativo y además propia, pero que no es congruente con el canon actual. Además, fue de los primeros juegos en aprovechar el formato CD-ROM para computadoras (MS-DOS), para Macintosh y, un año después, llegó también a PlayStation.

La historia nos pone en los zapatos de Kyle Katarn, un ex stormtrooper convertido en mercenario —sí, aquí ya levantamos la ceja— que hace un trato con la Alianza Rebelde: él los ayuda, ellos le pagan. En medio de estas misiones descubre un proyecto llamado Dark Trooper, lo que lo lleva a recorrer lugares como el yate de Jabba the Hutt o la ciudad-planeta Coruscant, todo para averiguar de qué va ese misterioso plan.

El gameplay usa una versión del motor 3D de Duke Nukem 3D, pero con enemigos del universo Star Wars, como stormtroopers y oficiales imperiales que, a diferencia de las películas, sí tienen buena puntería. Una de las grandes diferencias de Dark Forces frente a otros FPS de la época es que permitía agacharse, correr y disparar con más libertad, algo que muchos shooters de entonces hacían de forma limitada o simplemente no tenían. Si lo vemos con ojos actuales, el juego se mueve sorprendentemente bien, corriendo a 60 cuadros. El control quizá es lo más complicado, sobre todo porque el sistema se engancha de inmediato al Sixaxis del DualSense, lo cual puede ser un poco molesto, pero se ajusta fácilmente en las opciones. Además, viene en español, así que seguir la historia es mucho más sencillo. El juego salió en todas las plataformas.

Nuestra única queja viene desde el canon actual de la saga. Hoy en día, varios elementos narrativos del juego ya fueron resueltos en películas o en otros videojuegos. Por ejemplo, la primera misión consiste en recuperar los planos de la Estrella de la Muerte, pero esa historia ya quedó establecida en Rogue One. Lo mismo pasa con los Dark Troopers, que tienen su propia versión en la tercera temporada de The Mandalorian. Estas aparentes contradicciones generan confusión, sobre todo porque Disney decidió borrar el universo expandido —donde entra Dark Forces—, pero ahora tenemos esta entrega que, aunque divertida, choca con la narrativa oficial. Quizá lo ideal sería hacer un remake adaptado al canon actual. En un momento donde las nuevas historias de Star Wars son bien recibidas, un cruce entre lo clásico y lo moderno podría ser algo muy interesante. En fin, que la Fuerza los acompañe.

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