
La referencia más inmediata a Scott Pilgrim, para quienes no están familiarizados con el cómic de Brian Lee O’Malley, quizá sea la película dirigida por el británico Edgar Wright. La historia trata de un joven adulto desbalagado llamado Scott, que vive en Toronto y toca el bajo en la banda Sex Bob-o-mb. Todo marcha tranquilo hasta que un día aparece Ramona Flowers en su vida, de quien se enamora perdidamente. Lo que Scott no sabe es que, para poder salir con Ramona, deberá luchar y vencer a la liga de sus ex… es decir, las personas que en algún momento estuvieron involucradas sentimentalmente con ella. Sin entrar en muchos spoilers, digamos que Scott se enfrenta a las adversidades que le plantea su relación con la chica del cabello de colores proveniente de Nueva York.

El tiempo ha pasado desde aquellos acontecimientos y ahora la ciudad de Toronto está sumida en la anarquía: las bandas se han apoderado de las calles, convirtiendo a la ciudad canadiense en un lugar sin ley. Sin embargo, eso no detiene a los integrantes de la ex banda de rock de Scott, quienes continúan ensayando para su próximo concierto. En plena práctica, son secuestrados por un extraño personaje llamado Metal Scott. Será entonces tarea del protagonista, su novia y algunos miembros de la liga de los ex rescatar a los integrantes del grupo de las garras de este nuevo villano.
Scott Pilgrim EX es un beat ‘em up arcade con elementos de metroidvania. No existen etapas lineales, sino que se debe recorrer un mapa de Toronto en todas direcciones: hacia la izquierda en los barrios, hacia la derecha en las playas o en el castillo de Toronto (Casa Loma, como la conocen los locales), hacia abajo en las alcantarillas o hacia arriba en una base aérea en el cielo, entre otros escenarios.

Con una estética de pixel art, el juego resulta muy visual en cuanto a personajes y pandillas, completamente basado en la novela gráfica y con las vibras que lo hacen especial. Las referencias a videojuegos clásicos son constantes: caparazones de tortuga que funcionan como armas al ser pateados, escenarios con imágenes de consolas retro, enemigos que recuerdan a Mega Man, checkpoints similares a los de Sonic… en fin, una plétora de guiños a los géneros que abarca el título y un homenaje a la era dorada de los videojuegos.
Como nota negativa, para jugar en modo cooperativo en línea es necesario estar conectado a internet. Aunque existe la opción de coop local con hasta cuatro controles, lo que compensa este inconveniente y recuerda a los viejos tiempos.

Lo probamos en PlayStation 5, donde resulta más oneroso que en otras plataformas: cuesta $28.99 USD, mientras que en el resto se encuentra en $19 USD. Por lo demás, su espacio en disco duro no llega ni a un gigabyte.
En resumidas cuentas, se trata de un buen título de acción, con personajes entrañables y una historia simpática de una franquicia muy querida. El juego es accesible incluso para quienes no conocen la obra de Lee O’Malley, pero disfrutan repartir golpes en todas direcciones.






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