Era octubre del 2016, acababan de estrenar The expanse en Netflix, ese fin de semana había llegado el primer Call of duty, que había comprado para mi nueva consola. El titulo fue Infinite warfare, al día de hoy sigue siendo la entrega de la propiedad intelectual que más disfruto, las críticas no se hicieron esperar, se criticó duramente el multijugador por su jugabilidad, su campaña fue medianamente elogiada; hasta ese momento Infinite representaba el peor resultado que había tenido la propiedad intelectual hasta ese año.

Black Ops 7 ya está aquí y, como era de esperarse, no ha dejado indiferente a nadie. La campaña, ambientada durante el 2035, es el punto más criticado: seguimos a David Mason, hijo de Alex Mason, en una historia que gira alrededor del supuesto regreso de Raúl Menéndez, el villano de Cordis Die. Aunque murió hace diez años, un video lo trae de vuelta, pero en realidad la amenaza es The Guild, una corporación tecnológica dirigida por Emma Keagan, que busca manipular al escuadrón con un arma biológica que altera la mente.

Personalmente no soy tan cercano a las campañas que realiza Treyarch, discrepo de muchas interpretaciones y hechos históricos que recrean. Aunque no niego que la de BO2 es una de las mejores planteadas en cuanto a giros de trama y personajes. Si bien los elencos de sus entregas solían ser interesantes, teniendo en sus filas a actores como Gary Oldman interpretando a Reznov o Michael Keaton haciendo la voz de Hudson, entre otros. Algo que me entusiasmo de esta entrega, en términos de cast, fue la incorporación de la actriz Kiwi-samoana Frankie Adams, quien interpretaba a la Sargenta de artillería Roberta Bobbie Draper en The expanse, aunque en la historia adquiere un tono caricaturesco, sigue siendo mi personaje favorito.

El problema es que la campaña nunca se siente como tal. Es un híbrido constante con el multijugador, sin pausas y con mecánicas que rompen la inmersión. Hay escenas que parecen caricaturas, como Harper convertido en un gigante de ojos rojos y combates contra enemigos con barras de energía que recuerdan más a un juego de jefes que a la tradición de la saga. El final abre Endgame, un modo cooperativo que amplía la historia por temporadas, confirmando que la narrativa está incompleta y dependerá de futuros capítulos.

Tampoco podemos dejar de consignar las críticas que se han hecho presentes por parte de la comunidad y la prensa especializada como lo es el uso de Inteligencia Artificial en las calling cards es algo que parece causar mucha molestia, en descargo, deberían considerar consignar al artista que hizo las ilustraciones del replacer en México. Ese 2016 fue uno de esos momentos en los que volvemos a ver la campaña de Infinite Warfare y nos preguntamos ¿Qué hubo de malo en ese título? Ese fue uno de esos casos en los que se puede decir que éramos felices y (no) lo sabíamos. 

En multijugador, la fórmula clásica sigue funcionando. Modos como Duelo por equipos, Dominio o Contra todos están presentes, junto con dos novedades: Escaramuza, batallas 20 vs 20 en mapas abiertos, y Sobrecarga, una variante de Captura la bandera con dispositivos electromagnéticos. Sobrecarga ha sido bien recibida, mientras que Escaramuza genera frustración por los puntos ciegos y jugadores que aprovechan ventajas de altura. Zombies mantiene su esencia, ahora con el evento Ashes of the Damned, que añade enemigos con barras de energía y un vehículo personalizable para recorrer mapas más amplios.

Estos aspectos son quizá lo más sólido de la entrega, como ya se ha dicho. Sin embargo la fórmula se va desgastando. La gracia de los multiplayers en los ciclos de desarrollo de Treyarch son, principalmente, lo vertiginoso de estos. En comparación con los otros estudios de Activision son partidas más breves, mucho más ágiles y a veces más divertidos; y aunque esta no es la excepción, la curva de aprendizaje se ha vuelto más extensa debido a los cambios que se hicieron desde el BO6 como la limitación del omnimovment y la eliminación del sprint táctico. Ahora se siente un poco más rígido y abigarrado, porque todo lo que aprendimos en BO6 lo tenemos que reformar con las nuevas ventajas junto con sus especialidades híbridas y el salto de pared. Se siente como si no pudiéramos meter adecuadamente la tercera marcha en un automóvil de cambios manuales. Quizá lo más positivo del multijugador de Black ops 7 sea la opción de un foso abierto, algo muy esperado por la comunidad.

En resumen, Black Ops 7 es un título que divide. La campaña confirma las debilidades narrativas que ya se habían visto en Black Ops 6, mientras el multijugador y Zombies sostienen la experiencia con lo que mejor saben hacer. O lo disfrutas tal cual, o lo dejas pasar. Lo que sí es evidente es que la saga necesita escuchar más a su comunidad y replantear su modelo narrativo, porque el legado de veinte años merece algo más que un híbrido forzado y temporadas incompletas.

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