Imagina que despiertas en medio del caos de un evento postapocalíptico: sin piernas, observando cómo toda la ciudad se transforma en un hábitat de demonios que poseen desde personas hasta objetos. Luca no tiene que imaginarlo, pues está justo en esa situación. Arrastrándose solo con sus extremidades superiores, se encuentra con Rhem, un extraño sujeto con un atuendo nocturno y unos sospechosos cuernos que emergen de su frente. Al ver el precario estado de salud de Luca, le ofrece un trato: si ella se compromete a ayudarlo, él le devolverá la capacidad de caminar. Aunque algo reticente, Luca acepta. Lo siguiente que ocurre es que ella ya puede andar con sus “nuevas piernas”, y aunque parece no notar los cambios, nosotros sí: su cabello ahora es blanco y de su frente surgen unos cuernos.

¡No hay tiempo que perder! Hay que ir a los laboratorios de Agradyne, la corporación dueña de la ciudad, y descubrir qué hay en su bóveda.
Este es el inicio de Possessor(s), el nuevo juego del estudio Heart Machine, publicado por Devolver Digital. El título ha sido ampliamente reconocido como un metroidvania, sí, pero con elementos de scroller y un toque de roguelite. La dinámica consiste en avanzar por Ciudad Sanzu —ese es el nombre de la ciudad— para llegar a los laboratorios y descubrir qué ocurrió realmente, en busca de un atisbo de normalidad. En el camino nos encontraremos con objetos poseídos, así como mejoras en ciertos lugares llamados “seres carnales”, que nos otorgan habilidades como un látigo para impulsarnos al saltar o un yoyo para elevar a los enemigos y golpearlos mientras están suspendidos.

Cada cierto tiempo, conforme avanzamos, encontraremos espacios donde podemos invocar una flama: una dimensión suspendida donde habita Rhem. Estos espacios funcionan como puntos de control y lugares donde podemos depositar las almas obtenidas en combate, que sirven como moneda para comprar o mejorar armas. Cada vez que nuestro personaje muere, reaparece en este espacio, que se convierte en el checkpoint más cercano.
Possessor(s) no llegó en el mejor momento para un metroidvania, no por una oferta abrumadora, sino porque los títulos del género que están disponibles son contundentes, algunos incluso potenciales contendientes a juego del año. El problema de Possessor(s) radica en su falta de contundencia y en ciertos controles imprecisos durante el combate, que aunque vistoso, a veces resulta difícil de enfocar. Muchas reseñas han reportado bugs; nosotros no sufrimos ninguno, al contrario, la experiencia fue consistente la mayor parte del tiempo. El mapa, sin embargo, es enredado y su extensión algo dispar: tras un par de horas de juego, el avance marcaba un 33%, pero se entorpece por la incapacidad de desplazarse libremente entre puntos del mapa, lo que refuerza su naturaleza de scroller.

No todo es negativo. Las carencias se compensan con la historia y el arte. Por un lado, la relación de codependencia entre Rhem y Luca se desarrolla con diálogos que revelan lentamente sus intenciones y los subterfugios de Rhem. Por otro, el arte destaca: podemos transitar por un pasillo oscuro y, de pronto, el escenario se abre para mostrar un gigantesco portal en el horizonte que ilumina toda la pantalla, como una llaga flamígera en medio del cielo y la ciudad.

Sería injusto no recomendarlo, pese a lo acontecido en Heart Machine, que sufrió una ola de despidos. La situación fue tan triste que uno de los escritores —quien perdió su trabajo— salió a invitar a los gamers a comprar el juego, en lo que se interpreta como un intento por dar sentido al sacrificio de los creativos, entregados a los “demonios del capital”.
No somos partidarios de las calificaciones ni del sistema numérico para encasillar un juego. Possessor(s) es medianamente aceptable, sí, pero también representa una oportunidad para apoyar a una industria que los ejecutivos y adultos anquilosados parecen empeñados en destruir. La única forma de ayudar —al menos de pagar los platos rotos— es comprar el juego. Está disponible en Steam por $8 USD y en PlayStation por $20 USD con impuestos incluidos. Francamente, es un precio razonable para colaborar en que la simpatía por el diablo sea menos dañina.







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