En noviembre de 2019, durante una plática de negocios, el director ejecutivo de Activision-Blizzard, Bobby Kotick, respondió así a la controversia generada tras la destitución del jugador profesional de Hearthstone, propiedad intelectual de Activision Blizzard, Ng Wai Blitzchung Chung, tras mostrar su simpatía a los manifestantes que salieron a las calles de Hong-Kong ese mismo año.
«No somos el operador de los ayuntamientos del mundo», dijo. «Somos el operador de las comunidades que te permiten divertirte a través de la lente de un videojuego”. Pero en honor a la verdad, había que considerar dicha postura en el contexto de que dicha empresa, un mes antes, había lanzado la más reciente entrega de su propiedad intelectual más lucrativa, Call of duty Modern warfare, que desde sus inicios ha contado con una importante carga de mensajes políticos.
Las entregas de esta serie iniciaron en 2007, con el primer episodio Call of duty 4: modern warfare. La campaña se desarrollaba en un país del Medio Oriente que sufre un golpe de Estado, a la par que en Rusia hay conflictos con los ultranacionalistas y que un escuadrón del vigésimo segundo regimiento del Servicio Aéreo Especial del Reino Unido intercepta un barco ruso con una cabeza nuclear y un manifesto. [spoiler alert]; esa ojiva nuclear, después, explota en la capital del país de Medio Oriente.
El juego fue un éxito de ventas. También marcó la historia de los videojuegos con una de las etapas más inmersivas hasta ese momento, solo después de Half life 2, con la misión All ghillied up. Para ese entonces, el contexto que se lleva al videojuego no era tan evidente si pasamos por alto que en ese entonces, Estados Unidos llevaba a cabo una invasión en el Medio Oriente, en una de sus tantas guerras contra el terrorismo.
En 2009 se lanzó la secuela Modern warfare 2. La narrativa describe un mundo en una relativa calma internacional, hasta que un atentado en el aeropuerto Internacional Zakhaev en Moscú es la excusa para invadir Estados Unidos y, en subsecuentes secuelas, el resto de Occidente. Para contrarrestar dichas amenazas se funda la Task Force 141: los mejores soldados del mundo, elegidos a mano, según el General Shepard. Entre ellos se encuentran Ghost (Craig Fairbrass) y Soap (Kevin McKidd), operadores del 22° regimiento del SAS; John Soap MacTavish es el vínculo con la primera entrega.
Entre esta entrega y el remake actual, en el mundo ocurrieron muchas cosas que afectaron la percepción del videojuego. Una investigación de Eurogamer publicada en enero de 2013, el periodista Simon Perkin explica la conexión entre Call of duty y el infame rifle Barrett. En una entrevista, el autor habla con uno de los gestores de licencias de la propia compañía Barrett: Nuestro acuerdo de licencia nos prohíbe mencionar el nombre de una empresa» Sin embargo, dice: «Le invitamos a ver la serie Call of Duty». El tema de las licencias de armas fue algo que afectó, eventualmente, a otros títulos con temáticas similares. Además, la campaña contenía la misión No russian o No en ruso: una etapa en la que uno es parte de un grupo de tiradores activos que atentan contra los pasajeros de un aeropuerto en Moscú. Este episodio generó bastante controversia debido al grado de violencia y al sensible tema de los tiradores activos.
Paradójicamente, el videojuego resultó un éxito sin precedentes. Recaudó 310 millones de dólares en 24 horas y esto le valió ser el primer videojuego que le ganaba en lanzamiento a una película de Hollywood: Batman: El caballero de la noche (Nolan, 09). Con el paso del tiempo se mantuvo como uno de los títulos de la propiedad intelectual más memorables tanto por la historia, disruptora para el momento, así como por sus personajes entrañables.

Las controversias no pararon ni la recaudación de la propiedad intelectual con cada entrega anual. A principios del 2022 se anunció la compra de Activision-Blizzard por parte de la división “de videojuegos” de Microsoft, Xbox, por la friolera de 68 mil millones de dólares: la transacción empresarial más importante de la industria de los videojuegos y quizá una de las adquisiciones de mayor valor en la historia.
La controversia de dicha compra adquirió un tono crítico cuando el CEO de PlayStation, Jim Ryan, advirtió que Microsoft solo ha ofrecido que Call of Duty permanezca en PlayStation durante tres años después de que finalice el acuerdo actual entre Activision y Sony. Queremos garantizar que los usuarios continúen teniendo la experiencia Call of Duty de la más alta calidad, y la propuesta de Microsoft destruye este principio. Mucho se ha discutido sobre qué tanto control del mercado, precio y distribución de los productos y servicios de la empresa Activision recaería en Microsoft-Xbox; se ha tachado el trato como un proto monopolio del mercado de videojuegos esto puede ser una conjetura un tanto arriesgada puesto que para que eso ocurra el operador del monopolio, MSFT-XBOX, debe tener control o influencia en el precio de los productos o servicios del monopolista y en este caso no es tan acertado, otro elemento a considerar es la presencia de productos sustantivos, que se define como otro bien que suplante el producto/servicio en cuestión y los consumidores no tengan otra opción más que consumir dicho producto o servicio. En este contexto convendría poner atención en un futuro cercano las ventas de Call of duty Modern Warfare II en la plataforma de Sony, pueden ser un indicio sobre el mercado, de tal forma que las entidades reguladoras tanto de Estados Unidos como del Reino Unido, puedan tener un punto de referencia al momento de decidir a favor o en contra de la compra.
Finalmente el medio especializado Polygon realizó un análisis poniendo atención a como Call of duty ha contribuido a trivializar la guerra, a partir de uno de los eventos que Activisión realizaba para promocionar Modern warfare 3.

Hace un poco más de un mes decidí comprar la edición Bóveda de Call of duty Modern warfare II. Aunque desembolsar cien dólares no es algo muy inteligente, tenía varios beneficios: desde ítems estéticos pasando por operadores desbloqueados para el multiplayer y posteriormente para Warzone, la oferta free-to-play con componente multijugador estilo battle royale. Lo que más me interesaba era el acceso anticipado a la campaña que estaba ambientada en México.
La historia nos pone en el papel de los operativos de la task force 141, (los mejores soldados elegidos a mano, como dijo el Coronel Shepherd en la entrega del 2009) mientras investigan el tránsito a Estados Unidos de una serie de misiles balísticos camuflados pertenecientes al gobierno de los Estados Unidos con fines terroristas, gestionado por un alto mando de las fuerzas Quds de los cuerpos de la guardia revolucionaria islámica de Irán. Para llevar a cabo su cometido, se alía con el cártel de Las Almas, una organización criminal dedicada al narcotráfico de México. Por su parte el ciento cuarenta y uno enlazara con elementos de las Fuerzas especiales mexicanas encabezadas por el coronel Alejandro Vargas (Alain Mesa).
La trama de la campaña fue motivo de escarnio y exhibición por parte de los principales medios de comunicación del país, enfocándose en elementos superficiales en vez de analizar el contexto de la trama.
En estricto sentido el videojuego es una reinvención más cercana a nuestro tiempo y contexto que a la versión de 2009. Muchos personajes se mantienen como Simon Ghost Riley (Samuel Roukin); el capitán Price (Barry Sloane), Kyle Gaz Garrick (Elliot Knight) y John Soap Mctavish (Neil Ellice reemplazando a Kevin Mckidd, a quien recordamos por Trainspotting Grey´s anatomy). Entre los personajes nuevos están Phillip Graves (Warren Kole) y Alejandro Vargas; el infame General Shepherd es interpretado por Glenn Morshower (quien durante mucho prestó su voz en la misión overlord de Infinity Ward). En el cargo de guionista vuelve el actor Brian Bloom, que además protagonizó uno de los títulos más despreciados de la franquicia, Infinite warfare (2016).
Si bien la campaña ha sido una experiencia entretenida, notamos que la autorreferencia, por momentos, es un poco desconcertante. Por ejemplo, el recurso de reutilizar las mecánicas de All ghillied up, una misión en la que se juega como un francotirador en traje de camuflaje, traje ghillie y Death from above (MW 2, 2009) y Iron lady (MW 3) en la que se interpreta un integrante de la tripulación de un avion artillado AC-130 que se encarga de disparar rondas de diferente calibre para cubrir al escuadrón en el juego. Estos elementos hacen que el juego pierda cierta credibilidad, aunque hay que conceder que este no es un videojuego pensado en quienes disfrutamos las versiones anteriores.

Del apartado sonoro y técnico no hay mucho que decir puesto que es impecable, la representación de Amsterdam y de Chicago son particularmente detalladas. Resalta que la canción no sea un rap de Eminem, sino una canción original compuesta por la agrupación de banda sinaloense MS con el tema, bastante pegajoso, Ciento cuarenta y uno, que ya tiene más de 20 millones de reproducciones en YouTube.
Días previos al estreno del videojuego, medios de comunicación como El Universal, Imagen Noticias y La Saga reclamaron sobre cómo el videojuego presentaba una visión negativa de México y el énfasis en el conflicto de seguridad latente que involucra bandas del crimen organizado. Dichas notas, o por lo menos las realizadas por El Universal y el noticiario de Ciro Gómez Leyva del noticiario estelar de Imagen televisión, estaban basadas en extractos de una pieza de Inside gamers que retrata la misión «Protección del cártel». El inconveniente de dichas notas radica en que su fuente es parcial y no lo analizan respecto de la trama en su totalidad, lo que colaboran con una visión sesgada y tendenciosa; es más, se ve a leguas que ni se dieron la molestia de tomar el control y analizar el contexto completo de la camapaña, para variar.
Porque el videojuego sí ha tenido controversias sobre sus mensajes políticos: tal es el caso de la misión Línea fronteriza, en la que el coronel Vargas y su segundo al mando atraviesan la famosa pared fronteriza para perseguir a un agente iraní. En un punto de la persecución el jugador ingresa a un vecindario popular estadounidense y para disuadir las amenazas de civiles, se les puede apuntar un arma, algo que no fue bien recibida por los medios especializados. Tanto fue así que un subreddit recopila 38 crímenes de guerra que el jugador comete en el transcurso de dicha campaña.

Eso sin mencionar la controversia de los discos de las copias fisicas con solo 72 megabytes de información mientras que el resto del contenido es una descarga de 150 gigabytes, lo que encarece el almacenamiento en el dispositivo, consola o PC.
Por nuestra parte podemos destacar un a serie de lecturas que obtuvimos después de haber terminado la campaña. La primera son las implicaciones que puede tener involucrar a una serie de naciones en un momento sumamente crítico en los conflictos indirectos que acontecen actualmente en el mundo, puede tener tintes sensibles. En ese mismo tenor, el contexto mexicano se encuentra en un punto sumamente serio respecto a la seguridad, militarización y violencia. Sobre todo el problema de la injerencia extranjera es algo que el gobierno mexicano siempre recibe con reticencia; lo han considerado una afrenta a la soberanía. Finalmente se desprende el debate de los ejércitos privados -representados por la Shadow company en el juego- que muchas veces hacen negocio con la guerra, al mejor postor, que no siempre son las naciones. Tampoco es la priera vez que vemos estas alianzas entre cárteles mexicanos, películas como Los Invencibles (McCoy-Waugh, 2012) y Sicario: Día del soldado (Solima 2018).

Destaca el retrato de las armas que al parecer, dada la controversia de las licencias, o por la demanda del gobierno mexicano contra las armeras, los nombres de pistolas y rifles han sido modificados por títulos aparentemente genéricos aunque los diseños mantienen cierta similitud a los originales, a diferencia de la versión del 2009. También pudimos observar el nuevo sistema de visión aumentada en aparatos de visión nocturna que el ejército de los Estados Unidos ha estado probando.
Call of duty ha representado una parte importante en mi yo videojuegador. Le agradezco el conocimiento que de manera indirecta me ha compartido, las historias que me ha contado entendiendo que hay un contexto de violencia y militarización que se presta para interpretaciones malintencionadas. Y ante este escenario adverso, nosotros los jugadores de este juego hemos demostrado que no solamente somos una comunidad que no condona la violencia y la exclusión; también entendemos que el juego no es perfecto y que la compañía distribuidora y desarrolladora es aún menos que ideal y especulamos que quizá esa fue la verdadera razón de la potencial adquisición. Pero tampoco somos prejuiciosos con las representaciones, sabemos que es un producto de entretenimiento pero es importante destacar que no somos tan ingenuos para no entender los contextos entre los que se desenvuelve la guerra contemporánea.







Deja un comentario