A estas alturas del partido, es decir, la tercera entrega, Lo Wang (Mike Moh) no ha podido eliminar al dragón ancestral. Nuestro protagonista deambula en ropa interior relatando sus hazañas a una máscara cuando aparece Orochi Zilla (SungWon Cho), el mafioso más malandro del Japón neofeudal, donde se ambienta nuestra historia, para desafiar a Lo a que termine con el dragón de una vez por todas y se convierta en el shogun corporativo más letal y bocazas del mundo.

Shadow warrior 3 es la tercera secuela del intenso shooter en primera persona (FPS) desarrollado por el estudio polaco Flying wild hog con un motor de su propia autoría, Road Hoag engine. Quizá es un poco irrelevante al título, pero vale la pena mencionar este extraño enredo de publishers en la época de las adquisiciones corporativas en los videojuegos, sobre todo porque el estudio polaco desarrollador fue adquirido por el gigante europeo de medios digitales, Koch media, y el publisher de Shadow warrior 3 es Devolver digital, y así todos nos quedamos con cara de «chica afroamericana confundida».

El título, como ya se dijo, es un FPS para audiencias adultas dado su alto contenido sangriento, o gore. Controlamos a Lo Wang quien cuenta con una espada, bumper derecho para utilizar, un excéntrico arsenal desbloqueable respecto a la progresión de niveles, aunque inicia con un revólver: forajido. Las opciones de combate y movilidad del gameplay han sido mejoradas respecto a la entrega anterior, la fluidez de movimientos de Wang puede no ser muy amplia pero es suficiente para lograr hacer un doble salto, barridas y un impulso o boost (botón izquierdo). Estos dos factores hacen que el pensamiento estratégico ocurra en fracciones de segundos realizando combinaciones de ataques con armas, saltos dobles y dashes, o barridas, para poder eliminar una horda de varios demonios normales, de los que explotan, brujos voladores, máscaras de samurái láseres y espadachines dimensionales, todos en una sola secuencia. En este punto tengo que confesarles que este ha sido el único videojuego en toda mi vida que me ha dislocado una falange… bueno, no se si tanto como para dislocarse pero si crujió con mucha fuerza la falange distal del índice derecho–dos veces– con una secuencia de enemigos que dura casi siete minutos y después de casi nueve intentos; todavía me duele, proporcionalmente en función a esta breve parte de la extremidad superior. 

Todas las armas, así como el mismo Lo Wang, están sujetos a progresión con base en un sistema de puntos que se encuentran repartidos dentro del mapa del juego, también se puede conseguir estos puntos a partir de los desafíos dentro del juego. 

Pero el arma más afilada y dañina de Lo Wang es su humor. El personaje tiene varias frases dignas de una mala rutina de stand up, aunque son graciosas dentro del contexto. Dicho sea de paso, es el marco del relato que le da un cierto grado de interés al juego, la curiosa mezcla de cultura sino-japonesa y colores pasteles brillantes sobre saturados lo hace llamativo. 

Su contenido gore es peculiarmente caricaturesco por encima de lo normal, el problema es que esto produce una saturación en la pantalla y muchas veces desafía los procesadores gráficos de los equipos; si es una computadora con lo último en componentes, seguro no se notará el cambio, pero en consola, como lo es un PlayStation 4, que fue donde lo probamos, puede que sufra una ligera pérdida de calidad.

Mencionado esto hay que establecer que Shadow warrior 3 es un buen FPS pero a veces saturado, es complejo pero no imposible, y ya que tocamos estos temas habría que mencionar que este juego si nos da la libertad de elegir la dificultad del juego, ya que lo de hoy es justificar la carencia de libertad de elección: jugar videojuegos es una tarea que adquiere dificultad respecto a la experiencia, es decir es un proceso didáctico, no intransigentemente estético, como algunos de los títulos más recientes que restan esta decisión justificando una visión creativa. Y eso que no hablamos del problema con la violencia, sobre la que ciertos representantes del poder Ejecutivo en ciertos países latinoamericanos acostumbran tergiversar.

Shadow warrior 3 es un buen shooter, pero nada más. La experiencia gore, violenta con chistes de referencias y juegos de palabras en inglés puede empalagar y a la larga esta condición lo hace ser uno más, aunque con un giro estético un tanto diferente. 

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